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Pintura al silicato para fachadas

Esta pintura destaca por una gran resistencia a los ambientes corrosivos y a una meteorología extrema

Sin grietas, bolsas ni desconchones. Las pinturas al silicato destacan por su gran permeabilidad al vapor de agua y su excelente resistencia a la degradación ocasionada por los agentes atmosféricos y al desarrollo de microorganismos en la superficie pintada. Se pueden aplicar con brocha, rodillo o pistola sobre casi todo tipo de superficies. No obstante, este tipo de pinturas tienen efectos corrosivos, por lo que deben manejarse con precaución, con los ojos y la piel protegidos de posibles salpicaduras.

Características y usos de las pinturas al silicato
Las pinturas están formadas por pigmentos, disolventes, aditivos y aglomerantes. Estos últimos mantienen unidos a todos los demás componentes de la pintura y determinan las propiedades de las mismas. En el caso de las pinturas al silicato, este aglomerante es el silicato potásico, que les confiere una gran permeabilidad al vapor de agua, lo que evita que se formen grietas, bolsas o desconchones. Además, otorga a la pintura una excelente resistencia a la degradación ocasionada por los agentes atmosféricos. El carácter alcalino y mineral del silicato potásico limita también el desarrollo de microorganismos en la superficie pintada.

En la fabricación de las pinturas al silicato se utilizan pigmentos inorgánicos que ofrecen una gran resistencia a la fotodegradación, pero que reducen el número de tonalidades disponibles. Sin embargo, esta limitación se compensa por la falta de alteración del color en el tiempo y su excelente durabilidad.



Las pinturas al silicato se pueden aplicar sobre casi todo tipo de superficies, como el hormigón, ladrillo, revoques de cal y cemento o piedras de arenisca. Además, son muy apreciadas en labores de rehabilitación y restauración de edificios antiguos.

Precauciones durante su uso

Las pinturas al silicato tienen efectos corrosivos, por lo que deben manejarse con precaución, con los ojos y la piel protegidos de posibles salpicaduras. Además, deben almacenarse en envases de plástico, bien cerrados y en un lugar fresco y libre de humedad. Con cuidado, se mantendrán en óptimas condiciones hasta un año.
Estas pinturas se pueden aplicar con brocha, rodillo o pistola, aunque las salpicaduras de estas últimas pueden dejar rastros de corrosión en los cristales, cerámica o metales que haya en la zona. Para evitar que esto ocurra, hay que proteger estos elementos y, en caso de manchas, limpiarlas con rapidez.
La superficie que se pinte debe estar limpia y seca. Tras aplicar una capa de imprimación, se da la primera mano de pintura y se deja secar al menos 12 horas, transcurridas las cuales se puede aplicar una segunda capa.
MANUALIDADES EN LA REVISTA.
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