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Técnicas para Manualidades© por Silvia Beatriz Giordano se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 Unported.
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25 de mar. de 2015

Corcho: aislante eficaz

El corcho es un aislante térmico y sonoro muy eficaz que, además, tiene una producción muy sostenible y, una vez instalado, requiere de muy poco mantenimiento. Se comercializa en losetas, planchas y rollos, y admite que se le pueda dar un uso decorativo. Este artículo reseña las características aislantes de este material, los tipos de corcho existentes y sus principales propiedades y virtudes.

El corcho, un gran aislante térmico y sonoro

El corcho se obtiene de la corteza del alcornoque, una especie que crece sobre todo en áreas de clima mediterráneo. Su producción es sostenible, ya que incluso durante su extracción la generación de residuos es baja.


Está compuesto por células poliédricas muy unidas entre sí, prácticamente vacías en su interior y muy impermeables. Es muy resistente a las lluvias, las sequías y las altas temperaturas, por lo que es un material óptimo para el aislamiento térmico. Además, su estructura se compone de pequeñas celdas que absorben muy bien los ruidos, por lo cual el aislamiento acústico que proporciona también es muy bueno. Además, resiste a los agentes químicos, es ligero, elástico y no huele.

En cuanto a su mantenimiento, apenas exige cuidados, lo que le hace un revestimiento muy útil en paredes y suelos, incluso en estancias húmedas como el cuarto de baño.


Dado su carácter aislante, es muy práctico para instalar también en suelos, ya que nunca se enfría en exceso. Tampoco se deforma con facilidad, ni siquiera con el peso de los muebles o los golpes, y responde bien al paso del tiempo. Se puede poner en losetas de diferentes tamaños, colores y texturas. Tras su colocación se suele aplicar alguna capa de barniz, para conseguir de esa forma un acabado suave.

Tipos de corcho

El corcho se comercializa sobre todo en tres formatos: losetas, planchas y rollos.

En el primer caso, se emplea como revestimiento decorativo para paredes y suelos, donde se ponen losetas barnizadas o enceradas. Su instalación es sencilla en ambos tipos de superficies y asegura una gran durabilidad, aunque requiere el trabajo previo de eliminar las imperfecciones de los sitios donde se han de instalar.

Por su parte, las planchas de corcho negro aglomerado, granulado o expandido, con un grosor mayor que el habitual, se emplean en obras de aislamiento. Se colocan sobre la pared y pueden mantenerse a la vista, tras un proceso de pulido, o bien cubrirse con papel o pintura. Estas planchas garantizan un buen aislamiento térmico y acústico y, gracias a su carácter ligero, se pueden poner incluso en el techo. Actúan como una eficaz barrera frente a las temperaturas extremas. Sin embargo, no son impermeables al vapor, por lo cual puede ser necesario someter el corcho a algún tratamiento específico antes de su colocación.

Los rollos de corcho, por sus características, son similares a los que se comercializan en láminas o planchas. Su flexibilidad los hace muy prácticos. Además, en la actualidad, la mayoría incluye un sistema autoadhesivo que hace muy fácil su colocación.

Propiedades y virtudes del corcho
Una de las principales virtudes del corcho es su condición de material muy ligero. Su densidad y su peso son muy bajos, lo cual permite colocar varias capas para mejorar su eficacia como aislante o emplear placas de corcho expandido. Frente al agua en estado líquido, por su parte, presenta una gran impermeabilidad, de ahí su utilización en los corchos de las botellas.
Además, el corcho presenta una elevada resistencia al desgaste, que se debe a su facilidad para resistir la presión. Es capaz de recuperar prácticamente todo su volumen inicial, aunque se le someta a una presión muy alta. Y tiene también una gran adherencia a las superficies lisas, sobre las que ejerce un efecto ventosa debido a los huecos de las células que lo conforman.

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18 de mar. de 2015

Tips para limpiar los rodillos de pintura

La limpieza del rodillo después de pintar una superficie es una tarea fundamental para prolongar la vida útil de esta herramienta y garantizar su calidad para la siguiente ocasión en que se deba usar. Tras quitar los restos de pintura con papel de periódico y lavarlo con agua o disolvente, según sea pintura plástica o sintética, conviene guardarlo en una bolsa cerrada o recubierto con papel film, para que el aire y la humedad del ambiente no afecten a su calidad.

Quitar el excedente de pintura del rodillo

Cuando se termina de pintar, la principal sensación es de cansancio y ganas de guardar todas las herramientas tal como están. "Ya las limpiaré más tarde", se piensa a menudo. Pero con frecuencia, el resultado es que no se limpian hasta la siguiente vez que se necesitan. Y entonces ya no se puede: están inutilizables. Por este motivo, por muy cansado que uno acabe la faena, debe considerar la limpieza de las herramientas como parte del trabajo. De ese modo, asegurará la calidad y prolongará la vida útil del rodillo.

Limpiar los rodillos es una tarea simple, que apenas dura unos pocos minutos y exige pocos esfuerzos. Lo primero será quitar los restos de pintura que queden sobre la superficie del rodillo. Para tal fin, lo más sencillo es frotar el rodillo con un papel de periódico durante todo el tiempo que sea necesario hasta quitar lo más grueso del excedente de pintura que permaneciera sobre él.

Lavar el rodillo

En segundo lugar, hay que lavar el rodillo. Si la pintura utilizada es plástica o al agua, basta lavarlo con abundante agua hasta eliminar los restos de pintura que no se hubieran podido retirar con el papel de periódico. Conviene apretar el rodillo con los dedos para asegurar la limpieza a fondo; en ciertos casos en que se aprecia que la pintura está muy pegada, es recomendable dejar los rodillos en remojo uno o dos días. Se pueden utilizar guantes de látex para proteger las manos, pero al ser agua, no surgirán mayores inconvenientes si no se usan.



En el caso de la pintura sintética, el agua no será suficiente: habrá que utilizar un disolvente. Para saber cuál es el más adecuado para la pintura empleada, se puede consultar esta información en la lata de la pintura -es frecuente que esa información se detalle en ella- o bien preguntar al vendedor. Al tratar con disolventes, se hará necesario el uso de guantes de látex; en caso contrario, tal producto podría ocasionar irritaciones.

En cualquiera de ambos casos, se lave con agua o con disolvente, también habrá que prestar mucha atención y secar bien el mango del rodillo, que por lo general es metálico y, si conserva humedad, se puede oxidar.

Después de lavarlo, hay que dejar que el rodillo se seque bien. Para esta tarea se puede utilizar el tendedero de la ropa. Una vez seco, lo recomendable es guardar la herramienta en una bolsa de plástico y cerrar esta. Incluso es mejor guardarlo con la superficie envuelta en papel film, para evitar que se llene de polvo y que el contacto con el aire y la humedad del ambiente la desgasten.

Cuando se piense usar de nuevo el rodillo, será preferible quitar el envoltorio y meterlo en agua unas horas antes para que la superficie de pintado recupere la humedad y flexibilidad. De tal manera, su rendimiento será mayor.

Dejar de usar el rodillo por poco tiempo

Si la tarea aún no está terminada, pero se hará una pausa -para comer, porque se ha hecho muy tarde y se continuará la tarea al día siguiente, etc.-, no es necesario cumplir con todo el procedimiento anterior: este debe reservarse para los momentos en que el rodillo pasará una temporada más o menos larga sin utilizarse.

En caso de que se haga una pausa breve, bastará con guardar las herramientas en una bolsa de plástico y cerrarla tan fuerte como se pueda. De esta manera, la pintura que quede sobre la superficie de pintado no se secará y, cuando el trabajo se retome, se podrá comenzar con el rodillo en ese estado.
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11 de mar. de 2015

Amoniaco: un limpiador excepcional

El amoniaco es un producto de limpieza muy valorado, dada su gran capacidad de quitar manchas, en particular las manchas de grasa y otras rebeldes, como las de zumo o sangre. Además, es muy efectivo para limpiar alfombras y moquetas. Se debe evitar su inhalación, ya que causa irritación de ojos y garganta, y también hay que impedir el contacto directo con la piel. En grandes cantidades, puede ocasionar problemas graves, e incluso, la muerte.
El amoniaco, valioso aliado en la limpieza

El amoniaco es un producto muy utilizado en la limpieza y desinfección del hogar. El motivo de este uso es su enorme capacidad para eliminar manchas difíciles, sobre todo, de grasa. Esto lo convierte en un valioso aliado en el momento de limpiar superficies como azulejos, cristales, filtros de campanas extractoras, etc. Por otra parte, el amoniaco también actúa sobre tejidos como moquetas y alfombras, permite suprimir las huellas de los dedos sobre el mobiliario, así como manchas de zumo y sangre.

Incluso es útil para tareas de pintura, ya que sirve para quitar el brillo al barniz y a la cera y, por lo tanto, se puede usar como removedor de esas sustancias. Hay que tener en cuenta que, antes de dar una mano de pintura o de laca a una superficie de madera ya pintada, hay que decaparla, es decir, quitar la pintura antigua. En estos casos, el amoniaco también puede ser útil.


El amoniaco es un compuesto químico -también llamado trihidruro de nitrógeno o gas de amonio-, cuya fórmula se representa en términos químicos como NH3: un átomo de nitrógeno y tres de hidrógeno por cada molécula. Su olor es muy fuerte, característico, pero en los productos elaborados sobre la base de amoniaco que se comercializan hoy en día se añaden perfumes especiales que aminoran el rasgo original y hacen más cómodo su empleo.

Además, el amoniaco destaca por varias características positivas: su alta solubilidad en el agua, la facilidad con que se degrada en la naturaleza y su capacidad como nutriente para plantas y árboles, gracias a la cual también se emplea en la industria como base para la producción de fertilizantes.

Riesgos del amoniaco

El uso del amoniaco conlleva algunos riesgos. Por ello, hay que manejarlo con cuidado y precaución cuando se emplea en la limpieza y cerrar bien el recipiente que lo contiene al guardarlo. Por supuesto -este consejo vale para todos los productos de higiene del hogar-, hay que dejarlo lejos del alcance de niños pequeños.


Pese a que se comercializa en forma líquida, el estado natural del amoniaco a temperatura ambiente es el gaseoso. De ahí que el líquido desprenda gas. Su inhalación puede ocasionar irritación de ojos y garganta, daño en las vías respiratorias e inflamación de los pulmones, además de cefaleas y un aumento en la tensión sanguínea. En grandes cantidades -más de 5.000 ppm (partes por millón) en el ambiente-, puede derivar en un edema pulmonar, e incluso, en la muerte.

Por otra parte, el contacto del amoniaco con la piel -tanto en estado gaseoso como en líquido poco diluido- puede causar irritación (más si la piel estaba húmeda antes de entrar en contacto con la sustancia), quemaduras y ampollas si la concentración en el ambiente excede 300 ppm.

Si bien su ingestión resulta poco probable, conviene saber que sus efectos también son muy nocivos: la destrucción de la mucosa gástrica. Esto acarrearía múltiples problemas digestivos, con posibles resultados fatales.

Consejos para el uso del amoniaco

Más allá de los riesgos mencionados, tampoco se debe caer en temores excesivos ante la manipulación y el uso del amoniaco. La clave radica en diluirlo de manera correcta y, desde luego, no excederse en las cantidades. La mezcla adecuada estaría compuesta por agua, el líquido correspondiente a la superficie que se desee limpiar (específicos para la vajilla, el suelo, etc.) y un chorrito de amoniaco. Tal combinación garantizará una limpieza efectiva.
Conviene que en el momento de limpiar el ambiente esté ventilado, para evitar la posibilidad de que el aire quede enrarecido y, además, para lograr que el olor intenso se disipe cuanto antes. Con el fin de paliar el efecto del olor, y para extremar las precauciones, se puede usar también una mascarilla mientras se limpia con amoniaco, además de los guantes de látex, siempre recomendables para cuidar la piel.
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26 de ene. de 2015

Técnicas: Doblar la caña de bambú con calor

Doblar el bambú con calor: Este método es más avanzado que los anteriores. Lo utilizan primariamente artesanos expertos que usan el bambú para hacer muebles y artesanías muy complejas. // Creado por Emarroquin para Wiki How


Ahueca tus varas de bambú. Utiliza un trozo de barra de refuerzo (barras de acero comúnmente utilizadas para reforzar concreto) para romper los nudos internos del bambú. Esto se logra metiendo y sacando la barra de refuerzo del tubo de bambú por ambos lados, tras lo cual acabas con un tubo vacío.


Perfora algunos agujeros de vapor. Se acumula vapor cuando se aplica calor al tubo de bambú. Para dejar escapar el vapor se recomienda que perfores unos cuantos agujeros en los nudos.


Calienta el bambú. Toma tu soplete y comienza a aplicar calor al tubo con la llama, moviéndola continuamente desde la parte más ancha a la más estrecha. El calor debe estar por encima de la temperatura de ebullición, lo que consigue dos cosas:



La coloración del bambú. Aplicar color actúa como un tinte en el bambú y le confiere un color café cálido.

La lignina y la pectina del bambú se ablandan y se hacen flexibles, lo que te permite moldear el bambú con más facilidad


Revisa la flexibilidad del bambú. Con un trapo mojado frota el tubo de bambú, humedeciendo la superficie. Comprueba la flexibilidad del bambú doblando el tubo ligeramente. Debería ceder con bastante facilidad.


Tapa uno de los extremos del tubo y llénalo con arena fina. Golpea el bambú con el lado de la mano o con una pala pequeña, y mueve la arena hasta el fondo del tubo. La arena estabiliza el bambú para que las paredes no cedan al doblarlas.

Prepárate para doblar el tubo de bambú. Cava un agujero en tierra firme que tenga entre 15 y 20 cm de profundidad, y ligeramente más grande que la circunferencia del tubo y lo sostenga firmemente para apoyarse. Ahora estarás listo para dar forma al tubo.

Comienza a aplicar calor de nuevo al tubo. concéntrate en el área que deseas doblar, y no dejes de mover la llama.


Periódicamente frota el tubo con un trapo mojado. El agua evita que el bambú se reseque y se vuelva quebradizo. El bambú reseco se puede romper o rajar con facilidad.
A medida que vas trabajando en el tubo con el soplete, comienza a doblar el bambú en la forma que deseas.


Repite los pasos de calentar, doblar y humedecer hasta que el bambú adquiera la forma deseada. Esto puede tomar tiempo. Es en este punto que a menudo el bambú se raja, debido a la gran tensión a la que está sometido. Cuanto más tiempo te tomes para doblar gradualmente el bambú, menos probabilidad habrá de que se raje.

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24 de ene. de 2015

Técnicas: Doblar la caña de bambú con cortes

El bambú es un recurso renovable ampliamente cultivado. Se utiliza en artesanías, fabricación de muebles, e incluso como material de construcción. Cuando el bambú está recién cortado y está verde, es muy flexible y se puede moldear y manipular para varios usos. Aprende lo fácil que es doblar bambú para satisfacer tus necesidades. // Creado por Emarroquin para Wiki How

Doblar el bambú con un cuchillo
Este método es utilizado frecuentemente por los fabricantes de muebles para corregir un trozo de bambú torcido, o para crear una curva suave o un borde redondeado. Esta técnica se puede utilizar en cañas redondas de bambú o en bambú partido.


Corta el bambú. Haz un corte en forma de V justo abajo de uno de los nudos del bambú. Los nudos son las articulaciones del tubo de bambú que parecen rodillas y dividen la caña en segmentos.
Haz el corte estrecho si el doblez que deseas sea suave. Haz el corte más ancho si el doblez que necesitas es más dramático.


El corte puede ser hasta de dos tercios del diámetro del tubo. Los cortes pueden ser más superficiales para dobleces menos pronunciados.


Haz múltiples cortes en los nudos de la caña para crear una forma circular. Cortar cerca de un nudo hace que la alteración sea menos visible.


Dobla tu bambú para darle forma. Asegúralo con un nudo o con adhesivo para colocarlo en su lugar

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22 de ene. de 2015

Técnicas: Doblar la caña de bambú con agua

El bambú es un recurso renovable ampliamente cultivado. Se utiliza en artesanías, fabricación de muebles, e incluso como material de construcción. Cuando el bambú está recién cortado y está verde, es muy flexible y se puede moldear y manipular para varios usos. Aprende lo fácil que es doblar bambú para satisfacer tus necesidades. // Creado por Emarroquin para Wiki How

1) Doblar el bambú con agua



Llena una bañera con agua. Coloca tus varas de bambú en ella y deja que se empapen de la noche a la mañana.
Igual que con otros tipos de madera, el bambú requiere humedad para doblarse. La humedad ablanda la lignina y la hemicelulosa de las células del bambú y les permite doblarse. Sin calor y humedad, estas moléculas se cristalizan y quedan prácticamente inamovibles.
Dependiendo del tamaño y espesor del bambú, el tiempo de remojo puede ser mayor.


Prueba tu bambú. Sácalo del agua y dóblalo lentamente para que asuma la forma que necesitas. Si escuchas un crujido, el bambú no está lo suficientemente empapado y debes colocarlo en agua de nuevo.


Dibuja la forma deseada. Toma unas hojas grandes de papel y boceta la forma que deseas que el bambú tome. Coloca este papel sobre un trozo grande de madera contrachapada.

Clava el dibujo. Con el boceto como guía, pon clavos en el contrachapado, siguiendo la forma del boceto. Los clavos deben estar aproximadamente a 2,5 cm de distancia.



Coloca una segunda fila de clavos. Esta fila debe correr paralela a la forma que acabas de clavar, y la distancia entre las dos filas debe ser ligeramente mayor que el diámetro del bambú.

Dale forma a tu bambú. Cuando tu bambú esté adecuadamente empapado y sea flexible, sácalo del agua y colócalo sobre el contrachapado entre los clavos. Permite que el bambú se seque entre uno y tres días.



Puedes comprobar si tu forma se ha establecido sacando el bambú del contrachapado. Si el bambú retiene la forma deseada, se ha terminado de secar bien.

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11 de jun. de 2014

Imitación de mármol con pintura

El acabado en símil mármol es una técnica en verdad muy sencilla de hacer, y nos da la posibilidad de tener superficies y objetos que parezcan impactantes y bellos, realzando así cualquier ambiente.

Cómo pintar imitación mármol
Para hacer esta técnica de imitación de mármol debemos, primero, preparar la superficie a tratar, que puede ser cualquier objeto, pared, mueble, bandeja, caja u otra. Una vez lijada, sin restos de pintura, pegamentos o polvillo, nos pondremos manos a la obra.


Preparar la superficie
Comenzaremos por dar una mano de pintura blanca, de ser necesario con un producto fijador o sellador para tapar los poros de la superficie a tratar. Luego de haberlo dejado secar bien, daremos una mano de fijador incoloro, o de barniz al agua, para que este color blanco posea más profundidad en el acabado final.

Crear el efecto mármol con la pintura
El mármol puede ser imitado en cualquier tonalidad, dependiendo de nuestro gusto y del estilo decorativo general de nuestro hogar, o del ambiente donde vayamos a lucir la pieza. Por ello debemos definir el color, y luego adquirirlo en un tono oscuro junto con la pintura blanca, que puede ser la utilizada para la base.
Ya puesta la base y el sellador incoloro, aplicaremos una mano del tono elegido al 50% de blanco, es decir, que si queremos hacer un mármol de color verde, compraremos pintura verde oscura y haremos un bote de pintura verde y pintura blanca, para obtener un verde claro.
Ni bien hayamos aplicado la mano de pintura clara, tomaremos un par de guantes de goma (de los que usamos para limpiar el hogar), e iremos retirando la pintura sin deslizar, apoyando el guante (la palma, el dorso o como nos sea más cómodo), para lograr variantes del color y dejando al descubierto el blanco de base.

Ya seca esta mano, repetiremos la acción con la pintura en el tono oscuro, retirándola para dejar al descubierto patrones que exhiban el tono claro y el blanco de base.
Iremos apoyando el guante y limpiándolo en papel de cocina tantas veces como nos sea de gusto, hasta obtener el acabado final deseado.
Dejaremos secar la pintura por una tarde, y luego podremos aplicar una mano (o las necesarias), de barniz o laca para proteger este nuevo mármol que estarnos exhibiendo. Ya seco el barniz, tendremos una caja, pared, bandeja o mueble con un acabado símil mármol en verdad impactante, con buena profundidad y mucho brillo.
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Imitación del mármol

Podemos aplicar la técnica de imitación mármol en objetos decorativos, o bien en superficies lisas (como mesas, bandejas y otros muebles) o hasta en columnas y repisas o esquineros. En esta nota, vamos a aprender a transformar cualquier superficie de madera en este material tan decorativo (¡y costoso!), para renovar nuestro hogar.

Pasos para aplicar la técnica para imitar mármol

Como en todo trabajo, comenzamos por limpiar la superficie con un trapo seco, y luego con un trapo humedecido, ya sea en agua tibia o en agua tibia con detergente neutro o jabón blanco. Luego damos un lijado para eliminar ceras o capas de pintura deterioradas, dejando la madera lista para recibir su tratamiento decorativo. Recordá siempre luego de lijar, limpiar la superficie con un trapo de algodón húmedo, para eliminar el polvillo.

Ya lista la superficie de madera, antes de imitar el marmol vamos a dar dos capas de primer o imprimación para sellar los poros, protegiendo la madera y dejándola uniforme y lisa. Recordá dejar secar dos a tres horas entre una y otra capa. Podés utilizar un primer (Pintura que sirve de amarre, base ó primera protección anticorrosión del material a pintar) incoloro, aunque vas a conseguir un mejor acabado utilizando la imprimación del color de las vetas que quieras darle al mármol. En esta selección de color, recordá que la mejor terminación es usar un color de base claro, y un color de las vetas oscuro. Dejamos secar perfectamente, y damos un lijado suave para eliminar cualquier defecto y dejar la superficie bien suave y lisa.



A continuación utilizaremos pinturas al óleo, dando una capa bien abundante, para dar el color de base. Podés buscar en internet fotos de mármoles, para determinar el color y el acabado que quieras dar a las piezas y superficies. Cuando el óleo aún no ha secado, dibujás con un pincel las vetas, de manera libre y orgánica, sin preocuparte demasiado por la perfección. Mientras vas haciendo esto, vas a ir retirando la pintura y dejando expuesto el color de abajo (el de las vetas), así que asegurate de tener trapos a mano para ir limpiando el pincel para dejar bien marcadas las vetas. Si querés dar un efecto más orgánico, en este momento podés utilizar un trapo con aguarrás para ir "deformando" la superficie, dejándola casi texturada.

Dejamos secar bien la superficie, durando uno a dos días, dependiendo del clima (podría ser más tiempo). Luego lijaremos con un papel de lija de grano fino para dejar una textura suave, y aplicaremos un barniz satinado o brillante, para dar un acabado más realista a la pieza. Podés aplicar una o dos capas, dependiendo de la necesidad. Ya seco el barniz transparente, podés hacer un pulido suave con un trapo de algodón, y ya tenés lista tu pieza imitación mármol.
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